CHAUCHILLA                        

 

Cuando ideas un viaje a un país como Perú, con innumerables atractivos turísticos, trazas un recorrido con la intención de visitar lo que crees más espectacular o interesante por las lecturas que has efectuado.

Si el tiempo y el dinero te lo permiten, irás a Iquitos para tomar contacto con el Amazonas, a Puno para contemplar el maravilloso lago Titicaca, a Cuzco para perderte por sus empedradas calles, a Machu Pichu para captar la magia de Inti Raymi- el Dios Sol- por poner solo algún ejemplo. Claro, cuando llegas a Nazca, lo harás con la intención de visitar sus huellas misteriosas sobrevolándolas con una pequeña avioneta. Al menos así lo hice, pero después de esta increíble experiencia tantas veces soñada en mi adolescencia y no tan adolescencia y cuando aun algo mareado estaba saboreando lo que mis retinas habían tenido el privilegio de contemplar, se me acercó un enorme hombretón de voz grave y risa facilona, sobretodo de sus propios chistes, para ofrecerme sus servicios. Tanto me insistió "Tronchatoros" en llevarme al desconocido cementerio de Chauchilla, que al final accedí y es algo de lo que no me arrepentí en absoluto.

El cementerio de Chauchilla esta a unos 30Km de Nazca. Por el camino mi escandaloso conductor no paró de reírse de sus propios comentarios, mientras tocaba casi ininterrumpidamente el claxon. El vehículo era un chervolet con motor japonés, que avanzaba traqueteante por las carreteras polvorientas esquivando todo obstáculo como de si un eslalon alpino se tratara.

Por fin llegamos al cementerio. La primera visión fue ya espectacular. Corría un viento raso que hacia levantar la arenisca de esta tierra tan desértica, creando una neblina por la que se filtraban intermitentes los rayos de sol. Por poco que te fijaras podías ver esparcidos sin ningún orden, blancas calaveras y demás restos óseos. A medida que avanzas empiezas a descubrir varias tumbas descubiertas de unos dos o tres metros de profundidad, en cuyo fondo se encuentran los fardos humanos que aun conservan, a pesar de sus aproximadamente1500 años de antigüedad, algo de piel y largas cabelleras. Los Nazca no dejaban que sus mujeres se lo cortaran.

"Tronchatoros" se desenvuelve a la perfección entre el dantesco cementerio, coge las calaveras esparcidas entre sus enormes manos e imita sus hipotéticas voces del más allá, mientras simula ser el guia más experimentado.

Es increíble que un tesoro como el cementerio de Chauchilla esté tan abandonado y a merced de los saqueadores, razón por la que los restos óseos se hayan esparcidos a libre disposición; aun así la atmósfera es sobrecogedora, y sientes que estás ante algo que no durará demasiado tiempo, la lógica impone que en breve se racionalicen las visitas, o que tengas que acudir al museo de turno para que entre miles de objetos puedas descubrir unos fardos milenarios, que quizás te pasen desapercibidos. Así es el progreso.

Me dejé convencer por "Tronchatoros" para realizar otras salidas por los alrededores, se lo merecía, aunque por supuesto no superaron al cementerio de Chauchilla. Larga vida.

Carlos Lopez